Equipos en equilibrio – cuando la eficiencia nace del cuidado

Equipos en equilibrio – cuando la eficiencia nace del cuidado

 

Durante décadas, hemos asociado la eficiencia de un equipo con su capacidad de producir, lograr, avanzar. El primero en llegar, el último en salir. El compromiso entendido por el tiempo dedicado. Pero hoy, algo está cambiando. Una nueva conciencia emerge: ya no basta con lograr resultados si en el camino dejamos personas agotadas, vínculos rotos o sentido perdido. Igual que la economía está empezando a repensarse, los equipos también necesitan un nuevo marco. Y aquí es donde la Teoría del Donut nos ofrece una inspiración valiosa. La he vuelto a mirar para preparar un taller con un equipo, que se divide en las dos zonas, como organización, como equipo, y como modelo de liderazgo. Fue escrito en 2021, con la velocidad de los cambios, puede que hasta sea un concepto antiguo. 

El donut como metáfora viva de los equipos
La Teoría del Donut, creada por la economista Kate Raworth, nos habla de una economía que funcione dentro de los límites de lo humano y lo planetario. Imagina un equipo como un sistema vivo: en su centro, las necesidades básicas del grupo (confianza, voz, pertenencia); en su borde, los límites que no debería traspasar (agotamiento, competencia destructiva, deshumanización).

Entre ese centro y ese borde, aparece la zona saludable: el espacio donde el equipo es sostenible, creativo y verdaderamente eficiente.

La teoría está relacionada con las carencias en el centro, las necesidades básicas. Y con el externo, las limitaciones de nuestro planeta. El como mantener el equilibrio es cada vez más difícil. En geopolítica mundial, en economía, no recuerdo el dato del crecimiento de la deuda. 

A mi humilde nivel, lo llevo a los equipos. Puede que me haya asombrado un cliente que elije volver a más individualismo y menos equipo para mayor eficiencia a corto plazo aceptando la rotación de los empleados por falta de cuidado. Volvemos a los Kleenex de hace 30 años. Menos mal que tengo otro cliente en mente, que busca reforzar las alianzas, los compromisos colectivos para mayor eficiencia a medio plazo. No quiero juzgar pensando que cada accionista elige la cultura y diseño organizacional con sus motivos, sus "porque" y sus "para qué". Desde hace casi 40 años que estoy en el mundo laboral y veo una espiral creciente, con balanceos, va, viene. 

Romper con la lógica del máximo rendimiento  en solo 1 faceta. 
Muchas generaciones crecieron con la idea de que un buen equipo es el que "da el 200%", "va siempre a más", "no se detiene". Esa narrativa heroica ha dejado cicatrices: burnout, cinismo, desafección. Pero hay una nueva generación de líderes y coaches que empieza a decir: basta. Que sabe que la eficiencia real nace del cuidado. Que una reunión con silencio, escucha y pausa puede ser más transformadora que una maratón de tareas. Me gusta trabajar para estos clientes. Me gusta pensar que mis últimos años profesionales son para acompañar clientes que eligen reflexionar sobre los equilibrios en todas las facetas de la organización. Creo profundamente que firmeza se alinea con valores; que rudeza se alinea con mediocridad. 

**Equipos regenerativos **
Así como la economía del futuro será regenerativa o no será, los equipos del futuro serán regenerativos o estarán condenados a disolverse. Un equipo regenerativo no sólo logra cosas, sino que al hacerlo, se fortalece, se cuida, se repara.

Esto implica prácticas nuevas: espacios de retroalimentación sincera, pausas conscientes, revisión de la distribución del poder, inclusión real, capacidad de sostener el conflicto sin romper el vínculo. Todo eso es coaching. Todo eso es eficiencia humana.

Esperanza y legado
Este nuevo paradigma no es solo técnico, la IA transforma el trabajo. Espero que la diferencia se haga en esa parte profundamente humano que son las relaciones, el dar y recibir, el contribuir desde una diversidad de lugares que aporta valor en cada perspectiva y la alineación en las metas.. Es una forma de reconciliarnos con el trabajo, de recuperar el sentido colectivo, de dejar un legado distinto a quienes vienen detrás. Cuando acompañamos a un equipo a habitar su donut —a no caer en el vacío ni desbordarse— estamos sembrando otra forma de estar en lo profesional. Más sabia, más sana, más fértil.

Me gusta pensar que en estos años, el coaching de equipo tiene hoy una misión poderosa: ser puente entre el viejo modelo y el nuevo. Recordarle a cada sistema que su valor no está solo en lo que produce, sino en cómo lo hace. Que la verdadera eficiencia no es velocidad, sino sostenibilidad.

En ese espacio intermedio, justo donde late el corazón del donut, es donde nace la posibilidad de un futuro más humano para todos nuestros equipos.

Hoy que es el 14 de julio, día festivo en Francia por la toma de la Bastille. Me hace pensar en las veces que el Donuts explosiono, a veces para bien, otras no tan bien, 

GIsèle

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